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La convergencia de movimientos sociales: un ensayo de análisis

Texto presentado en la Conferencia Internacional La Obra de Carlos Marx y los desafíos para el Siglo XXI, La Habana, 5 – 8 de mayo de 2003.

El tercer encuentro del Foro Social Mundial ha marcado en el 2003 una etapa importante en la breve, aunque intensa, historia de este evento. En el período que transcurrió entre las dos últimas reuniones se produjo una enorme expansión de los foros regionales y temáticos. En Florencia, durante el Foro Social Europeo, casi 40 000 personas se reunieron en un sinnúmero de talleres y seminarios, y en la marcha contra la guerra que se realizó en este marco participaron más de medio millón de personas. En Hyderabad en la India, el Foro Social Asiático reunió a unas 30 000 personas y además, se realizó en Addis Abeba en Etiopia el segundo Foro Social Africano, el cual también contó con una apreciable participación.
En Belem, Brasil, se organizó en enero del 2003 el Foro Panamazoniano, donde se reunieron, para tratar acerca del tema del Amazonas, personas de todos los países vinculados con esta región: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana y evidentemente Brasil, y se contó con la participación de numerosos representantes de los pueblos indígenas. En muchos países también se preparan Foros Nacionales, Regionales o Municipales, un Foro sobre la problemática del agua fue realizado en Florencia y en Caracas el Foro Bolivariano con centenas de participantes latinoamericanos y extranjeros.
I. La evolución de las convergencias
Si recordamos que la primera reunión de este tipo se organizó en enero de 1999 en Zurich y Davos, solamente con la participación de 5 movimientos sociales (uno por continente) y con el título Otro Davos, constatamos que los progresos han sido espectaculares. En el 2003 en Porto Alegre fueron cien mil personas las que se dieron cita, organizándose cerca de 1700 reuniones, seminarios y conferencias, en las cuales participaron 4 000 periodistas con una cobertura de prensa mundial que eclipsó a Davos en los medios de comunicación internacionales.
El Foro Social Mundial se ha convertido en el polo opuesto de Davos, y representa una expresión de la sociedad civil de abajo frente a la sociedad civil de arriba. Las catástrofes sociales de las políticas neoliberales son tan obvias que incluso algunas personas vinculadas con el sistema (como es el caso de J. Stiglitz, por ejemplo) empiezan a reaccionar y a denunciar el carácter ideológico de las políticas que se llevan a cabo, así como sus efectos negativos. Cada vez más y más grupos sociales resultan afectados por estas políticas y cada vez más y más movimientos y organizaciones se juntan en el Foro Mundial para expresar sus desacuerdos, analizar las causas y proponer soluciones alternativas. La orientación fundamental de este encuentro de movimientos está bien clara: se trata de crear un espacio de intercambio mundial, continental, nacional y regional para los que luchan contra el neoliberalismo, contra la hegemonía mundial del capital y buscando alternativas frente a estos fenómenos (carta de base del FSM).
Por qué se ha producido esta explosión en tan pocos a?os? Existen, evidentemente, varias causas. La primera, fue el desarrollo sin obstáculos del neoliberalismo como fase de la acumulación capitalista a partir de los a?os 70 y, en particular, después de la caída del Muro de Berlín, la cual dejó el terreno libre al capitalismo y a su lema de economía de mercado o de libre comercio. Dentro del mercado capitalista, esto se traduce en la relación cada vez más desigual entre las economías fuertes y las economías débiles, y, dentro del interior de los países, la relación desigual se expresa entre los actores económicos poderosos y los restantes, los cuales tienen sus fuerzas reducidas.
El proceso de globalización contemporánea extendió la explotación del capital hacia sectores cada vez más amplios dentro de las poblaciones, afectando no solamente a quienes se encontraban directamente vinculados con las relaciones capital / trabajo, sino también a aquellos grupos sociales relacionados con otros mecanismos de la dominación del capital: monetarios, financieros, fiscales, etc, sobre los cuales regresaremos mas adelante. Por otra parte, las privatizaciones han conducido a que cada vez más y más sectores de la vida colectiva y de los servicios públicos se transformen en mercancías y, en consecuencia, los grupos más pobres quedan excluidos de su acceso. El predominio del capital ha estado acompa?ado por una doble ofensiva contra los actores de los antiguos pactos sociales: el trabajo y el Estado. Los resultados han sido tales, que los afectados son cada día más numerosos: mujeres, pueblos indígenas, peque?os campesinos, pobres urbanos, etc.
Lo que sucede con los Foros Sociales es el fruto de dos series de hechos. Por una parte, se ha producido una convergencia entre los movimientos sociales y entre las organizaciones progresistas, la cual comenzó con el "Otro Davos" a pincipios del a?o 1999, y se ha ampliado considerablemente con la iniciativa brasile?a. Por otra parte, se han efectuado una serie de protestas contra las decisiones internacionales, tales como las protestas contra la OMC en Seattle a finales de 1999, las realizadas en Washington contra el Banco Mundial y el FMI, las que se produjeron en Götenborg contra la Cumbre Europea, las de Génova contra el G8, etc. La conjunción entre las protestas contra un sistema cada vez más destructor y la convergencia de los movimientos contra un enemigo común y en la búsqueda de alternativas, alimentó a esta dinámica. El espíritu triunfalista del capitalismo culminó a finales de los a?os 80 y la ola de resistencias que le sucedió coincidió con una crisis del sistema, no solamente financiera, sino también del aparato productivo y de las normas éticas de su funcionamiento.
En la reunión del 2003 del Foro Social Mundial, nuevos grupos y organizaciones estuvieron presentes, en particular, cierto número de organizaciones de las Iglesias Cristianas. Se pudo constatar también una presencia mucho más visible de los sindicatos obreros, en particular de las dos mayores confederaciones internacionales, las cuales organizaron juntas un seminario en el interior del Foro. Evidentemente, algunos pueden pensar que esta expansión conduce al riesgo de disminuir la fuerza radical de la protesta y de transformarla en un reformismo razonable. La objeción tiene razón de ser, porque con el aumento de tama?o, siempre se corre el riesgo de enfrentarse ante la contradicción de poner a más gente de acuerdo. Sin embargo, como el Foro es una convergencia de movimientos y de organizaciones y no una estructura de cúpula, no resulta necesario lograr acuerdos sobre consignas, declaraciones y conclusiones. Basta estar de acuerdo con la carta de base. En su interior, varias corrientes pueden coexistir, y existe la posibilidad de que los grupos más radicales en sus análisis o en sus propuestas de acción se manifiesten, tal y como lo comprueba el hecho de que el Grupo de los Movimientos Sociales hace siempre una declaración con propuestas de acción.
La propia existencia del Foro Social Mundial es un hecho político en sí mismo. Nadie puede ignorarlo. Muchos partidos políticos envían miembros y dirigentes para participar en este evento, aún cuando no pueden formar parte oficial del proceso. En el 2002, las relaciones entre el Foro y los partidos políticos resultó ser un elemento muy sensible y discutido en numerosas ocasiones. Durante el a?o se debatió este problema varias veces dentro del Consejo Internacional. La cuestión radicaba en )cómo asegurar en los Foros el carácter de convergencia de los movimientos sociales y de las organizaciones progresistas, sin caer bajo el peso de los partidos y cómo, al mismo tiempo, asegurar la eficacia política de las críticas y de las propuestas que se expresan en ellos? La cuestión maduró en las reuniones del Consejo Internacional en Barcelona, Bangkok en el 2002 y en Porto Alegre en el 2003.
Se reconoció la necesidad de los dos campos de acción, pero admitiendo que cada uno tiene funciones propias y que no se pueden confundir. Por una parte, los movimientos y las ONG=s progresistas no pueden aceptar el hecho de ser instrumentalizados por los partidos en función de objetivos electorales o partidarios y, por otra parte, los partidos no pueden aceptar que las ONG=s y ciertos movimientos sociales contribuyan a despolitizar las sociedades. El reconocimiento mutuo parece ser la única solución posible.
Desde un punto de vista práctico, se deben establecer puentes que permitan la autonomía mutua, pero al mismo tiempo, debe existir colaboración entre ellos. De esta manera, los hombres políticos pueden participar en los Foros a título personal, los Foros pueden invitar a los partidos a expresarse sobre un punto u otro en una mesa redonda y testimonios personales pueden provenir de hombres políticos. La mayoría de los partidos tienen ONG's que les resultan muy cercanas y estas organizaciones pueden participar activamente en la organización del Foro y de sus diversas actividades.
Ciertamente, muchos progresos deben todavía cumplirse, pero todo parece indicar que el proceso va por buen camino. En realidad, la reunión prevista en la India resultó ser la ocasión para efectuar nuevas discusiones sobre este punto. El problema de la eficacia política de los Foros resulta ser el más importante, y esta es la pregunta que se escucha cada vez más desde el exterior. Se puede aún pensar que los más inteligentes dentro del sistema económico y político mundial contemporáneo sean lo suficientemente felices al ver la multiplicación de estas reuniones, las cuales absorben un tiempo enorme y afectan las energías y los medios de tantas organizaciones populares y progresistas. Deben ser felices al ver que estas reuniones son pacificas, que la gente canta, baila, desfila… mientras durante este tiempo los dirigentes del mundo capitalista siguen enfrascados en sus políticas económicas y en sus preparativos militares.
De esta manera es que se plantea el problema del impacto concreto del Foro Social Mundial. Sin dudas, el FSM ha producido un cambio cultural considerable en un mundo dominado por el pensamiento único neoliberal. La propia idea de que "otro mundo es posible" ha calado en la cultura mundial y este es un logro importante. La tercera reunión del Foro Internacional se caracterizó por un aumento de la conciencia colectiva. Cada vez más y más gentes, más y más movimientos y organizaciones tienen la convicción de que el adversario (el capitalismo en su fase neoliberal y militarizada) es el mismo y que, en consecuencia, deben trabajar juntos.
Sin embargo, aunque la toma de conciencia es un primer paso hacia una acción de cambio, esta no es suficiente. Porque la propia constitución del Foro en términos de convergencias no permite el nacimiento de un órgano de decisiones capaz de proponer objetivos comunes y acciones de conjunto. A primera vista, esta parece ser una contradicción difícil de sobrepasar. Y desde el exterior la gente se pregunta con razón: qué es lo que sucede después de las reuniones de los Foros? El problema a enfrentar es el de encontrar soluciones que respondan a estos dos elementos contradictorios a primera vista. Ya existe un principio de respuesta, resultante de la reunión de los movimientos sociales al interior de los Foros, los cuales pueden adoptar posiciones y proponer acciones. Por otra parte, algunas declaraciones, tales como la que circuló en Porto Alegre contra la guerra en Irak, han podido ser firmadas por todas las organizaciones participantes. Otros mecanismos podrían ser encontrados en el seno del Consejo Internacional.
En el futuro, dos grandes problemas organizativos deben ser discutidos. El primero, se refiere a la constitución y las competencias del Consejo Internacional. Porque, aunque en principio el Consejo debe estar constituido por redes, la realidad es, de hecho, más compleja, dado que ciertas organizaciones locales, las cuales han tenido un papel importante en la organización, han estado presentes históricamente. El Consejo está constituido mayoritariamente por latinoamericanos y europeos. Sin embargo, se espera que la realización del Foro en la India en el 2004 posibilite una mayor presencia de asiáticos. Nunca va a ser posible poder establecer la representatividad, porque no existen bases para esto. Y este es otro principio que debe sostenerse: el Foro debe ser una expresión de lo que existe. Sin embargo, ello introduce, inevitablemente, una dosis de arbitrariedad, y se deben encontrar los medios para limitarla en la mayor medida posible.
Además, las responsabilidades del Consejo necesitan ser precisadas, al igual que su relación con el secretariado. Hasta el momento, el secretariado ha tenido el poder de decisión final, convirtiéndose, de esta manera, en algo más parecido a un poder ejecutivo que a un secretariado técnico. Esta era la única manera en que se podía funcionar, ya que debemos recordar que el secretariado está constituido por ocho organizaciones y movimientos brasile?os. Todo esto va a cambiar, y se integrarán, para el ano 2004, un cierto número de asiáticos, quienes serán asesorados por los brasile?os que ya tienen la experiencia de los Foros anteriores.
Lo que se quiere es evitar que el Consejo se transforme en un grupo minoritario que monopolice las decisiones y en el cual las ONG's tengan el poder mayoritario. Algunos, temiendo la transformación de los Foros en una organización central, tipo Tercera Internacional, quieren reducir al máximo las competencias del Consejo. Sin embargo, será necesario formalizar ciertas normas de trabajo, en vez de desarrollar un poder de facto bajo las apariencias de una democracia radical. No obstante, todos estos problemas son típicos del proceso de institucionalización de un movimiento que ha tenido mucho más éxito del esperado.
Un desafío vinculado a esta situación, es la dimensión que han tomado los Foros. En Porto Alegre, el Foro aumentó de 20 000 a 100 000 personas. Manejar a tal número de participantes resulta algo muy complejo, y en este caso no se trata de reunir individuos para un partido de fútbol, sino que se trata de lograr que trabajen juntos, intercambien ideas y experiencias y busquen alternativas. En consecuencia, podemos darnos cuenta de que nos enfrentamos ante un enorme desafío. En el último Foro Mundial de Porto Alegre se manifestaron fallas de organización, inevitables frente a las dimensiones del evento y acentuadas por el hecho de que la preparación coincidió con las elecciones en Brasil y con el hecho que un número apreciable de responsables de la organización pasaron a ocupar puestos en el nuevo gobierno.
Si se quiere combinar el aspecto encuentro con el de una eficacia política aguda, se debe adaptar progresivamente la fórmula. Lo primero, es descentralizar geográfica y temáticamente a los Foros, algo que ya se cumple. Va ser necesario, además, estudiar la relación entre los Foros particulares y el Foro Mundial. Porque hasta el momento el único requisito para realizar un encuentro era el de la aceptación de la carta de base. Esto funcionó bastante bien e incrementó además las convergencias a escala local o regional, entre movimientos sociales de diversos tipos y organizaciones progresistas. Sin embargo, existieron ciertos desacuerdos, en particular los referidos a los contactos con los partidos políticos. Sería interesante, como trataremos de mostrar mas adelante, hacer un estudio comparativo con la historia de las Internacionales.
Para resolver el problema de la dimensión, se planteó en el Consejo Internacional la idea de transformar al Foro Mundial en una expresión de los Foros locales y temáticos, ya que esto permitiría reducir su número y organizar grupos de trabajo específicos correspondientes a temas esenciales para todos, tales como la guerra, las semillas, el agua, la educación, etc. La idea no fue retenida por el Consejo, pero queda planteada para el futuro.
Parece importante reducir el número de reuniones internacionales por razones de organización y de finanzas. No podemos pensar que se va poder mantener un ritmo tan intenso indefinidamente. Hay límites en la energía de las personas, y reunir los medios financieros va a ser cada vez más difícil. Un Foro Mundial como el de Porto Alegre requiere alrededor de 10 millones de dólares, lo cual no es exagerado cuando se compara con otras iniciativas y cuando constatamos, si apreciamos el impacto que ha tenido el Foro, que valió la pena. Sin embargo, los medios deben ser adaptados a los resultados y el futuro nos indicará cómo se debe construir la relación entre ambos.
La fuerza que tiene Porto Alegre frente a Davos es su carácter masivo y este no se puede perder, porque en Davos, un reducido número de personas discuten acerca del futuro del mundo en un círculo bastante cerrado. En consecuencia, no se trata de transformar el Foro Social en un nuevo Davos. Frente a la necesidad de reducir los encuentros mundiales, se propuso en el Consejo Internacional organizar cada a?o una manifestación en todos los países del mundo, el mismo día, durante la reunión del Foro Económico Mundial de Davos, para, de esta manera, asegurar el carácter masivo de la protesta y de las reivindicaciones. Esta proposición fue aceptada, y exigirá nuevas ideas a propósito de los temas de estas manifestaciones. Porque la gente no marcha por abstracciones, sino por objetivos muy concretos. Otra propuesta para guardar el aspecto masivo fue la de hacer una reunión mundial cada 2, 3 o 5 a?os, pero ella no fue retenida por el momento y se decidió realizar otro Foro Mundial en la India en el 2004 y en Porto Alegre en el 2005.
El Foro Mundial tiene que encontrar la manera de ir hacia adelante, para no terminar como un Woodstock social o como Mayo de 1968, es decir, para no terminar en algo que tuvo cierto impacto, pero que no significó nada decisivo. La crisis del sistema capitalista es fuerte y las resistencias se multiplican. No se puede perder tiempo y la convergencia entre los movimientos sociales, antiguos y nuevos, organizaciones no gubernamentales progresistas, intelectuales y hombres y mujeres de terreno, resulta más necesaria que nunca. La búsqueda de alternativas, al nivel de las utopías, del mediano y del corto plazo, tiene que desembocar de una manera u otra en medidas concretas. Esta es la esperanza que tienen centenares de millones de seres humanos.
II. Reflexiones teóricas e históricas
En el plano teórico, resulta importante preguntarse acerca del por qué de la emergencia de tantos movimientos originados por grupos sociales no vinculados directamente con la relación capital / trabajo, en tanto que el propio capitalismo ha adquirido las bases materiales de su dominación mundial y que son elementos constitutivos, e incluso motores, de las nuevas convergencias de los movimientos de resistencia. En este sentido, dos cuestiones merecen ser se?aladas, por una parte, en el plano conceptual, el lugar social de origen de estos movimientos y, por otra parte, las formas de la globalización de las resistencias actualmente en curso.
Para el primer aspecto, nos gustaría aprovechar la utilización que hizo Marx del concepto de sumisión formal en oposición con la sumisión real del trabajo al capital. Recordemos brevemente este razonamiento. La sumisión (o modo de subordinación) es real, cuando el régimen de dominación y de subordinación se sitúa en el propio seno del proceso de producción, es decir, en una relación directa que Marx denomina socio política. Por el contrario, la sumisión formal es una condición indirecta ejercida por el dominio de las condiciones de trabajo. Ambas sumisiones se corresponden con maneras diferentes de extraer el excedente del producto del trabajo y de contribuir, de esta manera, a la acumulación de capital.
Marx utiliza este concepto para explicar un proceso histórico, el del paso (o transición) en Europa de los modos de producción precapitalistas al modo de producción capitalista. Más precisamente, el paso de la manufactura a la empresa industrial, como consecuencia de la división del trabajo. Aunque resulta impropio extrapolar teóricamente una forma histórica, por el contrario, no está prohibido retomar un concepto y actualizarlo para tratar de sobrepasar lo que podríamos calificar como un enfoque puramente descriptivo.
Recordemos, de entrada, que el capitalismo siempre ha sabido utilizar formas preexistentes (arcaicas, diría Marx) de producción y que incluso ha contribuido, en determinadas circunstancias, a darles una nueva vida. Ese fue el caso en el siglo XIX de la propiedad feudal en Rumania de la producción de trigo o el del esclavismo en la economía de plantaciones en América. En la actualidad, tan asombroso como pueda parecer, el capitalismo se ha convertido en un modo dominante universal sin que su proceso de acumulación no implique de ninguna manera la integración del conjunto de los trabajadores en una relación directa capital / trabajo, es decir, en un régimen de asalariados. Por el contrario, la mayoría de la población activa en el mundo (incluyendo a las mujeres que trabajan a domicilio para "la reproducción de las fuerzas de trabajo" no es asalariada). Ello quiere decir que no están sometidas ante el capital?
La respuesta a esta pregunta es no, evidentemente. La lógica del capitalismo, es decir, la ley del valor, se ha impuesto universalmente y este es el sentido contemporáneo del concepto de globalización y es la razón por la cual las actuales convergencias de los movimientos sociales de resistencia han recibido el calificativo de antimundialistas o de altermundialistas. La sumisión formal se realiza a través de numerosos mecanismos. Ellos son principalmente de dos tipos: financieros y jurídicos. En el primer caso, podemos citar la importancia creciente del capital financiero, la especulación, los paraísos fiscales, los mecanismos de fijación de precios, las exigencias de retribución de los capitales a corto y mediano plazo, las políticas monetarias, la deuda externa, el rol preponderante de los organismos financieros internacionales y los condicionamientos para acceder a los créditos por imposición de los programas de ajuste. En el segundo caso, se trata de las normas jurídicas que refuerzan la ley del valor, tales como la privatización de los servicios públicos y de ciertos sectores de la seguridad social, la reducción del Estado de bienestar (Welfare State). Tales normas se imponen también internacionalmente, sobre todo a través de la OMC, la cual es responsable de un verdadero nuevo orden jurídico internacional al servicio del capital y que entra en contradicción con los derechos de los pueblos (como es el caso de los acuerdos Trips sobre la propiedad intelectual).
Estos mecanismos diversos contribuyen a extraer el máximo de riquezas y, de manera directa o indirecta, afectan la parte de los ingresos del trabajo en el producto social. Podemos aplicar, en este caso, el concepto de sumisión formal porque, en efecto, no es en el propio seno del proceso de producción que se produce la condicionante, sino más bien en la creación de condiciones que les impiden, a aquellos que viven del trabajo, es decir, al conjunto de la población activa concernida, acceder a los recursos creados. No es entonces una sumisión directa del trabajo sino indirecta. En efecto, agotar a un Estado con los pagos de la deuda le impide llevar a cabo políticas de redistribución de los ingresos, le impide realizar inversiones sociales y culturales colectivas e incluso le impide reforzar las medidas de seguridad social. La imposición de los Planes de Ajuste Estructural conlleva a los mismos efectos. En cuanto a las normas de la OMC a favor de la liberalización del comercio, las cuales ignoran que el mercado es una relación social y que el mercado capitalista es necesariamente una relación desigual (es suficiente recordar el gráfico del PNUD que ilustra el reparto de los ingresos en el mundo, la copa de champa?a) lo único que hacen es reforzar este proceso.
Hay que a?adir, sin embargo, una reflexión suplementaria, la existencia de una categoría de seres humanos que escapan casi completamente de la ley del valor y de otra categoría que solo tiene marginalmente la posibilidad de crear un valor a?adido que el capital puede utilizar para sus intereses. Para los primeros, que viven del trueque, de la mendicidad o de la asistencia humanitaria, el caso está claro para el sistema. Hay que crear, tal y como dice Michel Camdessus, antiguo director del FMI, una tercera mano, al lado de la mano invisible del mercado y de la mano reguladora del Estado, hay que crear la mano de la caridad. Para los segundos se desarrolla otro escenario. Incapaces de contribuir con validez a la acumulación de capital, son abandonados a sí mismos, en el mejor de los casos para engendrar una economía de sobrevivencia (sector informal) y en el peor de los casos, sucumbiendo ante las enfermedades, la violencia entre ellos mismos o las guerras. Ambos constituyen lo que Suzan George llama "las multitudes inútiles". Ahora bien, se trata de víctimas del sistema y de su lógica y no de un determinado retraso en el desarrollo que hay que eliminar, algo que ha sido bien puesto en evidencia por Samir Amin.
La realidad social es dialéctica, porque se trata de relaciones entre actores sociales y no entre "cosas", al y como la lógica del capitalismo tiende a afirmar y a establecer, reduciendo la sociedad a su carácter mercantil. De ahí el nacimiento de resistencias que se manifiestan bajo la forma de movimientos. Sin dudas, no fue el capitalismo quien inventó todas las contradicciones de la historia. La desigualdad en las relaciones entre los hombres y las mujeres existía mucho antes de que éste se impusiera como lógica de la organización de la economía. La conquista de territorios en búsqueda de ventajas económicas o políticas no comenzó con el capitalismo. La extracción del excedente por parte de grupos o de clases sociales específicas se desarrolló desde que fueron sobrepasadas las sociedades de linaje. El rol de la lógica capitalista consistió en desenclavar la economía de la sociedad, según el concepto de K. Polanyi, integrando poco a poco las actividades colectivas a la ley del valor (por ejemplo, los servicios públicos deben ser rentables, en consecuencia privatizables, y por lo tanto capaces de contribuir ellos también a la acumulación de capital). La constante búsqueda de nuevas fronteras caracteriza a esta lógica, pero ella se enfrenta a dos obstáculos, el impás ecológico por una parte y las resistencias sociales por otra. Los grupos portadores del proyecto capitalista han logrado absorber cierto número de contradicciones del primer tipo: el reciclaje de los desechos se ha convertido en una actividad rentable y la aplicación de nuevas tecnologías de producción y de consumo ha resultado ser una fuente de provechos, pero existen límites. En cuanto al segundo, el de las resistencias, ellas han sido objeto, por una parte, de una reapropiación semántica (utilización de los mismos conceptos pero transformando su sentido: sociedad civil, descentralización, autonomía, participación, etc.), por otra parte, de tentativas de captación (asociadas a los programas de lucha contra la pobreza, invitación a participar en el Forum de Davos, etc.) o finalmente, de represiones jurídicas, policíacas o militares.
Con el advenimiento y el desarrollo del capitalismo, se crearon nuevas condiciones para la emergencia de las resistencias, nuevos sectores de reivindicaciones y formas renovadas de expresiones y de una cultura de la lucha social. De esta manera, el neoliberalismo, extendiendo las zonas de sumisión real del trabajo al capital ha sido la causa de una multiplicación de las luchas de los trabajadores, a menudo con perspectivas más radicales que las de las organizaciones existentes en las regiones de la antigua industria. Por otra parte, esto ha significado un enorme avance de la sumisión formal lo que se ha convertido en la causa de la emergencia de nuevas luchas (campesinos sin tierra, pobres urbanos, inmigrantes, indocumentados, luchas por salvaguardar los servicios públicos, la defensa del medio ambiente, la oposición a la dominación del capitalismo financiero, ?) y también de nuevas formas que han tomado luchas ya seculares (movimientos feministas, movimientos de peque?os campesinos, de pueblos autóctonos, de estudiantes, movimientos contra la guerra, ?). A todo esto hay que a?adirle las organizaciones que se ocupan de las víctimas del sistema, algunas de las cuales se han radicalizado abriéndose hacia un análisis más profundo (Amnistía Internacional, Caritas Internacional, Médicos sin fronteras, Emmaus, ?) al igual que aquellas llamadas "tercermundistas", algunas de las cuales han refinado progresivamente su visión del "desarrollo" .
Treinta a?os de ofensiva contra el trabajo y contra el Estado, con el fin de crear las nuevas condiciones para la acumulación de capital, diez a?os de neoliberalismo triunfante después de la caída del socialismo real, han creado evidentemente nuevas condiciones para las luchas sociales. De entrada, la extensión relativa de la sumisión real ha hecho que se les otorgue valor a elementos diferentes de los de la contradicción directa capital / trabajo y, en consecuencia, a reivindicaciones no únicamente vinculadas con las condiciones de trabajo y de salario (con su extensión en el sistema de seguridad social). Se trata de objetivos diferentes a los de la oposición con la explotación directa, y vinculados, en esta ocasión, a cuestiones que afectan la calidad de la vida, el derecho a las identidades culturales, los derechos humanos y la democracia participativa. Estas luchas han dado lugar a nuevas formas de expresión y han construido nuevos espacios sociales, diferentes de los de los movimientos vinculados con la sumisión real (sindicatos), lo que ha vuelto a veces difícil la colaboración. La tentación de reducir la realidad a aspectos importantes pero parciales ha sido también real y no está aún completamente eliminada.
Esta es la razón por la cual la convergencia del conjunto de estos movimientos y organizaciones se ha convertido, frente a la globalización del capital, en una exigencia de la lucha social contemporánea, necesidad cuya conciencia se ha desarrollado a partir de los últimos a?os del milenio. Numerosos factores han contribuido a ello, tanto estructurales, como los que acabamos de describir, como coyunturales, vinculados a iniciativas específicas, tales como las tomadas en América Latina en la ocasión del 500 aniversario de la conquista, el Jubileo 2000 para la abolición de la deuda del Tercer Mundo, People's Power 21, reuniendo a los movimientos y organizaciones de Asia, etc.
Esto nos conduce a nuestro segundo punto, el de la organización de las convergencias en relación con la experiencia histórica de las Internacionales, particularmente de la primera, en la cual Marx tuvo una importante participación. Resulta necesario, en efecto, reflexionar acerca de las similitudes y las diferencias por una parte y sobre los niveles diferentes de la conciencia social. Los movimientos vinculados a la sumisión real fueron precedidos por numerosas iniciativas populares, nacidas antes de la formación de la clase obrera y que respondían tanto a las necesidades vitales de las poblaciones más pobres como a las primeras contradicciones que engendró la sumisión formal. Por otra parte, como explicó Federico Engels, la diversidad de situaciones en los diferentes países europeos orientó formas de acción y de organización muy distintas [F. Engels, Prefacio de la 3ra Edición del 18 Brumario]. En la actualidad, el nuevo movimiento obrero se caracteriza por diversas formas de lucha: peticiones, boicot, mítines, huelgas, demostraciones en la calle, publicación de manifiestos, insurrecciones) y un gran número de organizaciones (mutuales, cooperativas, círculos, organizaciones culturales y educativas, sindicatos, ligas temporales, consejos, partidos) [Maurice Moissonier in G.Labica, Dictionario critique du Marxisme, Pasris, PUF, 1999, entrada : Mouvement ouvrier, 774-778].
El papel que jugaron intelectuales como Marx fue muy importante en el establecimiento de una unión internacional. De ahí el nacimiento de la Asociación Internacional de Trabajadores, en Londres, en 1864, en la cual Marx asume un rol aún más importante en la definición de sus estatutos. Se trataba, evidentemente, de movimientos y organizaciones vinculadas a la sumisión real del trabajo por el capital. Marx y Engels analizaron su emergencia, calificándolas de "críticas en acto al capitalismo creciente" [Dani?le Tartakowski G. Labica, op. cit , entrada : Syndicats, 1117-1124]. Pero ellos también constataron que la dominación del capital tenía como efecto contradictorio engendrar la división de los trabajadores sometiéndolos a una verdadera competencia, al mismo tiempo que unificaba a la masa de trabajadores en clases imponiéndoles comunes condiciones de explotación [ibidem].
Desde los inicios, Marx entrevió el da?o que podía causar una actitud voluntarista basada en una visión teórica que no tuviera en cuenta las diversas realidades. Se trataba, para él, de respetar el nivel de desarrollo de las organizaciones de los trabajadores sin imponerles desde arriba una lógica que aún no era la suya.
Resulta particularmente interesante saber que Marx defendía el principio de autonomía de las secciones y federaciones frente al Consejo General y esta posición la mantuvo hasta la Conferencia de Londres en 1871, fecha que marcó un gran cambio en la institución. Su función, según Marx, era ante todo la de orientar las luchas locales hacia el universalismo y no la de estructurar de manera autoritaria y centralista un proceso en curso que venía desde la base, e insistió acerca de la importancia de la democracia interna. Se trataba con la Asociación Internacional de Trabajadores, de la constitución conciente de la clase obrera por encima de las fronteras nacionales, lo que exigía implicar en ello a organizaciones de todo tipo. [Ibidem, D. Tartakowski 1118]. Tal y como se expresa en el texto del Diccionario consagrado a las Internacionales, "El prestigio de la Primera Internacional fue mayor que sus fuerzas reales en combate. Mito y realidad política debían imbricarse para lograr una conciencia de clase y una solidaridad internacional. La Internacional, en sus orígenes, aparece como el punto central de coordinación y de cooperación de la clase obrera…" [Lily Marcou , in G. Labica, op.cit., entrada : Internacionales, 609].
La heterogeneidad de los grupos presentes y de las tendencias centrífugas que se manifestaron, comenzaron a erosionar a la institución: se trataba, sobre todo, de diferencias en la lectura de los acontecimientos, de puntos de partida opuestos por su interpretación y de divergencias acerca de las estrategias a seguir. Para salvaguardar su eficacia frente a situaciones sociales cada vez más duras para los trabajadores, la preocupación consistió en darle una orientación centralizada. Marx y Engels reorientaron las concepciones iniciales para acelerar la transformación de las múltiples organizaciones que formaban parte de la AIT en partidos políticos con un centro director: Londres [Ibidem, 610]. Ello provocó la primera escisión entre marxistas y anarquistas al a?o siguiente, en 1872 en el Congreso de La Haya, fecha en la cual el Consejo Internacional fue transferido a Nueva York.
En 1889, cuando fue creada la 2da Internacional, como consecuencia de la primera experiencia, se evitó el hecho de dotarla de estructuras centralizadoras. Ella debía ser una federación de partidos políticos y de grupos nacionales autónomos, que coordinaba la acción a través de los Congresos que tendrían lugar cada tres a?os. A inicios del siglo XX fue que la institución se convirtió en una agrupación de partidos nacionales con una armadura institucional más fuerte. La primera guerra mundial marcó su fin dadas las desuniones que produjo. En 1919 se reorganizaron, por una parte la 2da Internacional, que pasó a ser la Internacional Socialista y, por otra parte, la 3ra Internacional (el Komitern) el cual, siguiendo las orientaciones de Lenin, debía representar el principio internacionalista de Marx, pero en simbiosis con la primera experiencia socialista revolucionaria real, la del Estado Soviético. Bajo el mandato de Stalin, esta tendencia se acentuó y la subordinación de los partidos nacionales fue más real, al mismo tiempo que se instalaba una fuerte centralización administrativa [Ibidem].
Este breve recordatorio histórico ha sido necesario para retomar el razonamiento acerca de la situación contemporánea, con el fin de comprender las similitudes y las diferencias con el pasado. Comencemos por estas últimas. La primera, es que un órgano como el Forum Social Mundial, no solamente agrupa a grupos sociales nacidos de la sumisión real del trabajo al capital, sino que también agrupa en su seno a numerosos grupos afectados en sus identidades y en su sobrevivencia por la sumisión formal. Se trataría entonces de hacer converger en un lugar común a una variedad mucho más amplia de movimientos y de organizaciones, lo que quiere decir también sensibilidades, culturas y expresiones de lucha social. Para lograr tal objetivo, hay que guardar un espacio abierto con una base de consenso mínimo, representada por los tres principios de la carta de base (lucha contra el neoliberalismo, contra la hegemonía mundial y búsqueda de alternativas).
La segunda diferencia de peso consiste en los propios objetivos : no se trata de crear, incluso a término, una organización política, sino solamente de brindar un espacio de conocimiento mutuo, de intercambio de ideas y de experiencias, lo suficientemente pluralista para garantizar la diversidad de las luchas y de las expresiones culturales. Habría que a?adir que la desconfianza frente al centralismo democrático, frente a todo verticalismo organizacional, frente a toda instrumentalización de los movimientos sociales por parte de los partidos políticos, es la pesada herencia de una fórmula que nos ha dejado la experiencia histórica de algunos socialismos. El peligro, sin ninguna duda, es el de caer en el exceso contrario y creer en la espontaneidad de los procesos sociales y sólo valorar lo inmediato y botar todo enfoque sistémico en los basureros de la historia. Otra diferencia, finalmente, consiste en la constitución de redes gracias a los nuevos medios de comunicación. En la actualidad resulta más fácil organizarlas, lo que nos brinda nuevos medios de acción sin exigir la misma concentración de poder que antes.
Por el contrario, existen también similitudes. La creación de una conciencia mundial es una preocupación común a los dos momentos históricos. Esta conciencia está muy vinculada con las fases del desarrollo capitalista. En la actualidad, se trata concretamente del neoliberalismo, el cual afecta a todos los grupos presentes en el seno de los Forums Sociales, no solamente a los movimientos nacidos de la contradicción capital / trabajo, sino también a aquellos nacidos o que han tomado formas o contenidos nuevos, dado el hecho de la sumisión formal mundialmente realizada. En ambos casos, se trata de deslegitimar un sistema de organización económica, íntimamente vinculado a formas jurídicas, políticas y culturales, que las construyen y también de las cuales son el fruto. Por otra parte, sinergias se realizan en el propio seno de los encuentros, tanto en los de ayer como en los de hoy, lo que amplifica, de esta manera, los efectos directamente visibles.
Recordemos igualmente la preocupación de Marx en la Primera Internacional de dejarle el campo abierto a las diversidades, la cual se corresponde con los Forums contemporáneos y que ha tenido un efecto muy similar en sus métodos de funcionamiento: autonomía, respeto por los otros, escucha mutua, pero también ha tenido las propias dificultades inherentes a este tipo de organización. Finalmente, en ambos casos, se trata de un proceso que tiene un aspecto gradual, que no puede ser forzado por una acción voluntarista y que deja un espacio importante al grado de conciencia social de cada cual.
Es verdad, para retornar a las diferencias, que una opción en relación con la política continúa siendo divergente. Está claro que, para Marx, desde los inicios había que culminar en una organización política de los trabajadores, aunque no fue él quien promovió hasta sus últimas consecuencias la fórmula del partido único de vanguardia, portador de la legitimidad de las luchas y finalmente de la verdad. En el estado actual de las cosas, la preocupación por la eficacia política no resulta ser tan aguda en los encuentros internacionales de los movimientos y de las organizaciones progresistas como lo fue en los tiempos de Marx. Es verdad que en esa época, el campo político estaba monopolizado por los partidos burgueses, sin que ninguna voz válida pudiera expresar los intereses de los trabajadores.
La tendencia en la actualidad va en el sentido de una convergencia de partidos capaces de portar, completamente o en parte, los objetivos y las alternativas propuestas. Las Internacionales terminaron en la centralización y la subordinación. El futuro dirá si los Forums podrán evitar el obstáculo inverso, el de ser fuegos artificiales sociales, que brillen pero de manera efímera y alimentados por fuerzas en ocasiones contradictorias. Los Forums son un hecho político en sí mismos y su eficacia dependerá de su capacidad de permanecer siendo un espacio de encuentro universal. Ellos no son y no pueden convertirse en herramientas directas de acciones políticas. Restaría por inventar las pasarelas entre ambos, porque sin instrumentos políticos las proposiciones formuladas en los Forums serán deseos piadosos, algo que diversas modalidades de funcionamiento de los Forums han comenzado a construir.
Las consideraciones ofrecidas anteriormente representan simplemente un ensayo de teorización bajo la forma de hipótesis. Ellas tienen como finalidad fundamental atraer la necesidad de un esfuerzo en este sentido, no en una perspectiva puramente académica, sino para contribuir a la comprensión de los procesos por los propios actores y brindar armas intelectuales para las luchas sociales contemporáneas.

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